Asumió primer latinoamericano como nuevo director de la FAO

Por primera vez desde que fue fundada en 1945, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) es presidida por un latinoamericano, el brasileño José Graziano da Silva, quien tendrá el reto de erradicar o al menos reducir el hambre en el mundo.

El brasileño, de 62 años, reemplaza desde el 1 de enero al senegalés Jacques Diouf al frente de la organización internacional para el período 2012-2015. La candidatura del brasileño, que ejercía como responsable de la FAO en América Latina, fue impulsada por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y apoyada por la actual presidenta Dilma Rousseff.

Graziano da Silva, graduado en Agronomía en la Universidad de Sao Paulo, con estudios de especialización en Economía Rural y Sociología y maestría en Ciencias Económicas (Universidad de Campinas, Brasil) y un doctorado en Estudios Latinoamericanos (College of London), es un experto en el sector, con amplia experiencia.

Desde 1977 impulsó varios programas de desarrollo rural y de lucha contra el hambre como profesor universitario. En 2001, durante la administración Lula, fue nombrado ministro Extraordinario de Seguridad Alimentaria y responsable del exitoso programa brasileño «Fome Zero» (Hambre Cero) precisamente para luchar contra el hambre.

En cinco años este plan logró que la desnutrición en Brasil cayera un 25% y que cerca de 24 millones de personas salieran de la pobreza extrema, según datos del Gobierno.

Antecedentes

Nacido el 17 noviembre de 1949, Graziano da Silva ocupaba el cargo de Representante Regional y Subdirector de la FAO desde marzo de 2006. Durante su gestión promovió el fortalecimiento de la producción rural así como de la agricultura familiar para mejorar la seguridad alimentaria. Además, fue responsable de la «Iniciativa para una América Latina y un Caribe libres de Hambre», que busca erradicar el hambre antes de 2025.

En su primera rueda de prensa como director general celebrada ayer, Graziano da Silva reiteró su voluntad de profundizar la reforma de la FAO, por medio de una descentralización que otorgue mayor importancia a las representaciones nacionales y permita a los gobiernos participar en la definición de prioridades.

El economista ilustró su programa de gestión de la FAO basado en cinco pilares, entre ellos, la producción y el consumo sostenible de alimentos, una mayor justicia en la gestión de los alimentos y el impulso de la cooperación Sur-Sur.

Según cifras de la FAO, casi una sexta parte de la población mundial, unos 925 millones de personas, padece hambre.

El nuevo dirigente de la FAO ha sido llamado a liderar la respuesta internacional a uno de los grandes dramas de la humanidad, que se ha agravado con la crisis por el alza de los precios de los alimentos de 2007-2008 y la especulación en el mercado de las materias primas y agrícolas.

El brasileño advirtió ayer que se viven «niveles dramáticos» en materia de hambre en el mundo, aunque afirmó no esperar «un aumento dramático» de este flagelo.

«Debería haber un crecimiento inferior en algunos países, mientras que en otros no», agregó. «En Asia y en África deberían darse aumentos significativos. La FAO piensa estar más cerca de estas zonas, con niveles más altos de descentramiento y de eficiencia», explicó Graziano da Silva.

Da Silva destacó que su prioridad será la erradicación del hambre y la desnutrición de la faz de la tierra, reiterando algunas declaraciones anticipadas el domingo en Brasil. El nuevo director de la entidad dijo a los periodistas que con un mandato de tan sólo tres años y medio, no hay tiempo que perder.

La FAO comenzará por ampliar su apoyo a una serie de países de bajos ingresos y con déficit alimentario, especialmente los que se enfrentan a crisis prolongadas. «Acabar con el hambre requiere el compromiso de todos: ni la FAO ni ningún otro organismo lograrán vencer solos esta guerra», advirtió Da Silva.

Sobre el efecto de la recesión económica en las poblaciones afectadas por carencias alimentarias, Da Silva aseguró esperar «un menor impacto, porque la recesión toca principalmente a los países industrializados y no a los en vías de desarrollo». «En estos últimos, los programas de protección están hoy más desarrollados que años atrás», estimó.

4-01-2012.

Fuente: Ámbito Financiero.

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