Cuando el miedo afecta la producción de leche

ARGENTINA  – FUENTE: REVISTA INFORTAMBO

La interacción entre los animales y sus cuidadores tiene un efecto muy importante sobre el bienestar y la producción de leche.

La actitud de los responsables del cuidado de los animales determina en buena medida que éstos les tengan más o menos miedo a las personas, teniendo el miedo efectos negativos muy pronunciados sobre el bienestar y afectando la producción de leche.
El miedo se define como una experiencia emocional desagradable causada por un estímulo que el animal percibe como una amenaza. En general, los estímulos que causan miedo son de dos tipos:
• En primer lugar, los estímulos sensoriales muy intensos -los ruidos, por ejemplo-desencadenan una respuesta de miedo sin necesidad de que se produzcaningún proceso de aprendizaje.
• En segundo lugar, y debido a un proceso de aprendizaje por condicionamiento, los animales asocian estímulos en principio neutros -tales como un ser humano- con experiencias negativas tales como golpes, gritos o empujones. Esto puede verse complicado por el hecho de que, según algunos autores, los animales domésticos siguen percibiendo a los humanos como depredadores, de modo que en cierta medida estarían “predispuestos” a asociar la presencia humana con estímulos negativos.
El hecho de que un animal desarrolle una respuesta de miedo más o menos marcada hacia las personas o hacia otros estímulos no depende sólo de la experiencia previa del animal sino también de aspectos genéticos. En efecto, el miedo parece ser una de las características del comportamiento de los animales que tiene la heredabilidad más alta. El miedo desencadena una serie de cambios de comportamiento -principalmente conducta de huída- y fisiológicos.
De forma general, los cambios fisiológicos asociados al miedo son los mismos que constituyen la respuesta de estrés y tienen efectos negativos sobre la ingesta de alimento, la rumia, la producción de leche y la fertilidad. Por otra parte, uno de los momentos en los que existe un contacto más estrecho entre el tambero y los animales es el ordeño. La respuesta de miedo inhibe la síntesis y liberación de oxitocina, que es responsable del reflejo de eyección de leche. Esto explica en buena medida la importancia de la interacción humano-animal en la sala de ordeñe.
Interacciones negativas y positivas
Los trabajos realizados hasta la fecha en vacas lecheras indican que el parámetro que determina de forma más marcada el miedo que las mismas tienen de las personas es el porcentaje de interacciones negativas sobre el total de interacciones que tienen lugar entre el tambero y los animales.
Las interacciones negativas más frecuentes son los empujones y los golpes cuando los animales son llevados a la sala. Por el contrario, las interacciones positivas incluyen caricias y el simple hecho de colocar la mano sobre el cuerpo de la vaca durante el ordeño. Es interesante recordar, además, que uno de los factores que contribuye de forma más pronunciada al desarrollo de cojeras en vacas de leche es la impaciencia y la brusquedad cuando las vacas son llevadas al ordeño.
Un segundo aspecto a tener en cuenta es que, en general, los animales que son manipulados regularmente de una forma positiva suelen tener menos miedo de las personas que aquellos que tienen poco contacto con ellas. Esto se traduce no sólo en un comportamiento menos agitado cuando las vacas están cerca de las personas sino también en una frecuencia cardíaca menor y en concentraciones plasmáticas de cortisol más bajas, lo que sería indicativo de una menor respuesta de estrés. Igual que otros muchos mamíferos, las vacas utilizan feromonas (es decir, moléculas liberadas por un animal y captadas por otro animal de la misma especie mediante el olfato o el órgano vómeronasal) para comunicarse entre ellas. Una de las feromonas descritas en las vacas funcionaría como señal de alarma.
En efecto, parece ser que cuando las vacas se asustan liberan al medio externo una molécula o un conjunto de moléculas producidas en glándulas cutáneas situadas entre las pezuñas y que desencadenan a su vez una respuesta de miedo o estrés en otras vacas. Así pues, es posible que el efecto de una acción que cause miedo en una vaca se extienda a los otros animales del rebaño. Tal como hemos mencionado anteriormente, la interacción más frecuente entre el tambero y las vacas tiene lugar durante el ordeño y mientras las vacas son conducidas a la sala de ordeño o de vuelta al corral. Mover a los animales puede resultar estresante, especialmente si se realiza de una forma poco adecuada o si las instalaciones no son correctas.
En este sentido, resulta interesante recordar que la mejor manera de mover a las vacas es situarse en el límite de su campo visual. En efecto, al tener los ojos en posición lateral, las vacas tienen un campo visual de unos 330 grados y un espacio “ciego” de unos 30 grados, situado detrás del animal.
Pues bien, si la persona que tiene que mover las vacas se acerca a ellas justo por detrás, situándose en el espacio ciego, los animales son incapaces de verla, de forma que, cuando finalmente se dan cuenta de su presencia, se asustan. Si, por el contrario, la persona se coloca detrás de los animales pero un poco de lado, de forma que entre en el campo visual de las vacas, éstas pueden verla y tienden a moverse hacia delante sin sobresaltos.
La distancia de huída
La relación humano-animal (es decir, el miedo o la tranquilidad que las vacas experimentan en presencia de una persona) se valora mediante la denominada “distancia de huída”. Si el número de vacas por corral está entre 100 y 150, deben observarse unas 50-60 vacas por corral. Las observaciones deben ser realizadas por una persona que no interaccione habitualmente con las vacas y se realizan cuando las mismas están comiendo.
La persona que realiza las observaciones debe situarse a unos 2 metros de distancia del morro del animal a observar y avanzar lentamente hacia ella -aproximadamente a una velocidad de un paso por segundo- con el brazo formando un ángulo de 45º con el suelo y la palma de la mano hacia abajo; no debe mirarse directamente a los ojos de la vaca.
Debe registrarse la distancia entre la punta de los dedos de la mano y el morro de la vaca cuando ésta hace el primer movimiento de huída. Idealmente, el promedio de dicha distancia debería ser inferior a los 50 cm. En algunas explotaciones en las que la relación humano-animal es muy buena, la mayoría de las vacas dejan tocarse.
Por Méd. Vet. Xavier Manteca Vilanova
Profesor de la Facultad de Veterinaria
Universidad Autónoma de Bercelona
PUBLICADO EN LA REVISTA INFORTAMBO

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