El contundente reclamo de un interior argentino que pide ser escuchado

ARGENTINA   –

Finaliza hoy un paro agropecuario que fue contundente, que demostró el hartazgo de los productores con las políticas oficiales y su rotundo fracaso, y que realza la gestión y representatividad de las cuatro entidades que conforman la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias (CEEA).

Al finalizar el cese de comercialización, debemos hacer una reflexión sobre los resultados que deja la protesta. En primer lugar, debemos destacar la fuerza de la medida que contó con la adhesión de todos los productores. Durante estas cinco jornadas, no hubo granos en los puertos, ni animales en los mercados de hacienda, ni se comercializaron otros productos no perecederos. De esta forma, quedan demostradas nuevamente las razones fundadas que llevaron a la medida y la representatividad de la CEEA.

El paro agropecuario contó con un fuerte protagonismo de nuestras bases: productores de todas las regiones productivas del país se concentraron al costado de los caminos con un claro mensaje a la sociedad; no se cortaron rutas, ni se generó desabastecimiento. Se entregaron volantes explicando quienes somos, qué producimos para la mesa de los argentinos y denunciando la brutal diferencia de precios entre lo que percibimos los productores y lo que pagan los consumidores por los alimentos.

Eso mostramos en la jornada de esclarecimiento que se realizó el 28 de mayo pasado frente al Obelisco, en la ciudad de Buenos Aires y en diferentes puntos de la Argentina. Ese mismo día, habíamos elevado una carta a la Presidente de la Nación, solicitando que nos convoque, que mira la realidad, atienda nuestros reclamos y responda a las propuestas que le hemos hecho llegar en distintas oportunidades. Apelamos a las autoridades con el mayor respeto institucional, pero lo que recibimos como respuesta fue la descalificación, fundamentalmente del titular del Ministerio de Agricultura de la Nación, quien debiera ser el interlocutor entre el campo y el Gobierno para trasmitir la real situación y no el espejismo de un país productivamente paralizado.

Paradójicamente, el Ministro del área describió la brecha que existe entre los precios que reciben los productores y aquellos que se pagan en las góndolas cuando debiera evitar que eso suceda en vez de ser un triste comentarista de temas que nunca resolvió.

Antes de este cese de comercialización, realizamos en el primer semestre de 2013 nueve asambleas de las que participaron miles de productores de todas las regiones argentinas. Llegamos a la medida de fuerza tras bregar incansablemente por ser escuchados. Hemos elevado numerosos proyectos, que nunca fueron tenidos en cuenta. Todo ello motivó que decidiéramos cumplir el mandato de los productores y pasar de las propuestas no atendidas a la protesta activa. Ahora, tras la medida de fuerza, nos mantendremos en alerta para evaluar la situación.

En este contexto, esperamos que la Presidenta de la Nación y sus funcionarios escuchen y resuelvan los gravísimos problemas que sufren el campo y el interior, y que no se solucionan con fotos, mentiras o presiones sino realizando los cambios que el país requiere: enfrentar la inflación, la suba de costos internos, la enorme presión fiscal y la minada competitividad, y permitir el funcionamiento de los mercados y la competencia que asegure precios justos. Solo así podremos aprovechar la enorme oportunidad que todavía tenemos para producir alimentos en cantidad y calidad para los argentinos y para el mundo e impulsar un verdadero desarrollo en la Argentina.

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