Argentina es el tercer productor mundial de oleaginosas

ARGENTINA  –   FUENTE: AGRONOA.COM.AR   –

Según datos de la publicación especializada Oil World, en los últimos cinco años los principales países productores de semillas oleaginosas fueron los Estados Unidos de América, seguido por Brasil  –

La República Argentina en la última campaña 2012/2013 habría desplazado a la República Popular China del tercer lugar en el ranking de los países productores de semillas oleaginosas.

 

Este ranking comprende la suma total de las producciones nacionales de las siguientes semillas: soja, girasol, colza, canola, algodón, maní, copra (pulpa seca del coco), lino, sésamo, palma y ricino.

 

Según datos de la publicación especializada Oil World, en los últimos cinco años los principales países productores de semillas oleaginosas fueron los Estados Unidos de América y Brasil, con una producción anual promedio en el período 2008/2009 a 2012/2013 de 94,32 y 73,03 millones de toneladas, respectivamente.

 

Argentina, en dicho período quinquenal, se había ubicado en el cuarto lugar después de China, con una producción promedio anual de 48,91 millones de toneladas. La producción del país asiático fue superior, ocupando el tercer lugar con 52,17 millones de toneladas anuales promedio.

 

Pero a partir de la campaña 2012/2013 y producto de la muy buena cosecha de soja, Argentina pasó a superar a China alcanzando una producción total de 52,79 millones de toneladas de semillas oleaginosas. Este registro superó a la cosecha china que ascendió a 50,15 millones de toneladas.

 

Las perspectivas para la nueva campaña estarían confirmando el nuevo posicionamiento de nuestro país en el tercer lugar, ya que de acuerdo a las proyecciones que realiza Oil World para el ciclo 2013/2014, Argentina podría estar en condiciones de producir 57,8 millones de toneladas de semillas oleaginosas, en tanto que China alcanzaría unos 48,4 millones de toneladas.

 

En los puestos 5°, 6°, 7° y 8° se encuentran India, C.I.S (Rusia y otros estados nacionales de la región del Mar Negro), Unión Europea y Canadá con producciones que oscilan entre las 20 y 35 millones de toneladas anuales en total (campaña 2012/2013).

 

La soja primero

 

Tanto Estados Unidos de América como Argentina y Brasil comparten un rasgo en común que no lo tiene la producción de la República Popular China. En estos tres países la soja ocupa un papel relevante y central en el total de la producción de semillas oleaginosas. Esto puede verse claramente en el Cuadro N° 2. Para la campaña 2012/2013, EEUU registró una producción total de 92,01 millones de toneladas de semillas oleaginosas, con una participación central de la soja que alcanzó un total de 82 millones. La semilla que ocupó el segundo lugar, el algodón, apenas registró una producción de 5,1 millones de toneladas.

 

En Brasil sucedió lo mismo. De un total de 84,22 millones de toneladas de producción de semillas oleaginosas, la soja registró 81,60 millones representando un 97% del total.

 

La producción de soja en Argentina en el ciclo 2012/2013 habría ascendido a 48,5 millones de toneladas sobre una cosecha total de semillas oleaginosas de 52,7 millones. En segundo lugar se encuentra el girasol con 3,1 millones de toneladas.

 

En cambio China presenta una producción de semillas oleaginosas mucho más equilibrada y diversificada que los países productores anteriormente citados.

 

Reparte su producción entre soja, colza, algodón y maní, con registros de producción cercanos a los 11/12 millones de toneladas anuales, respectivamente. No obstante ello, lo negativo para China es la dependencia que tiene en materia de importaciones de soja, ya que la industria oleaginosa en este país muele anualmente aproximadamente entre 57 y 59 millones de toneladas de esta semilla teniendo una producción propia de apenas 12,6 millones de toneladas (campaña 2012/2013).

 

Estrategias comunes para el desarrollo

 

El maíz es mucho más que un alimento. Es el recurso renovable más valioso del planeta y la segunda fuente de energía después del petróleo. En los últimos años, por su valor como forraje, biocombustible y materia prima para nuevas tecnologías como los bioplásticos, se transformó en el grano más cultivado en el mundo. Además, es un cultivo estratégico para el desarrollo de los países por su capacidad para generar empleo, inversiones y desarrollo regional.

 

La demanda local e internacional de maíz y sus subproductos crece exponencialmente. El potencial de crecimiento de la cadena del maíz no tiene límites y la Argentina dispone de las más modernas herramientas para maximizar la producción de maíz y su transformación en múltiples productos. No obstante, en nuestro país el cultivo de maíz atraviesa una crisis formidable, fruto de la pesada carga impositiva y los crecientes problemas comerciales.

 

Para revertir esta tendencia es necesario un trato fiscal justo e inteligente, aplicado con sentido práctico. El normal y transparente funcionamiento de los mercados, sin cuotificaciones que afecten el normal proceso de formación de precios, y la eliminación de los derechos de exportación aplicados al maíz y a todos los productos de la cadena es fundamental para lograr la expansión del cultivo, aumentando sensiblemente la generación de valor agregado y riqueza en el interior del país, a través de su desarrollo en zonas de menor productividad.

 

Otros temas para solucionar son las deficiencias en logística, manejo y pos cosecha. Además, debemos estimular la inversión, el mantenimiento y la rehabilitación de los sistemas de irrigación, aplicando las tecnologías modernas disponibles e implementando megaproyectos de irrigación en áreas estratégicas de nuestras provincias patagónicas, requirentes de forrajes y de generación de empleos a través de la presencia de clústeres que agreguen valor al maíz. El agua, en menos de diez años, será un recurso estratégico de las Naciones. Por consiguiente, resulta incomprensible que el agua de las cuencas patagónicas se desperdicie sin uso vertida al océano cuando se podría utilizar este recurso para ampliar el área de siembra de maíz.

 

Nuestro país carece de una política agropecuaria consensuada. El sector privado, por razones varias, no está en condiciones de aportar capacidad creativa. A su vez, el sector público parece correr detrás de la mecánica de los mercados, urgido por necesidades presupuestarias que nada tienen que ver con las pautas técnicas que el mismo Gobierno, con la colaboración privada, esbozara al plantear el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA2), que hoy parece lejano y ausente.

 

Maizar tiene como objetivo primario la consolidación y unificación de todos los actores que integramos la cadena del maíz y del sorgo. Es clave contar con la dedicación y el compromiso de todos los sectores. Nuestra estrategia basada en relaciones nos permite alcanzar una visión unificada e integradora y accionar sobre la base de una perspectiva compartida por todos los actores.

 

La propuesta implica acabar con la pequeña discusión de intereses sectoriales y mirar para y con el conjunto. Tenemos que fortalecer nuestras instituciones, volver a pensar en el largo plazo y continuar con el diálogo y la búsqueda de consensos, tanto entre los diferentes sectores de la economía como entre el sector privado y el público. Quienes integramos Maizar creemos que es fundamental seguir consensuando estrategias y acciones para superar las barreras para el corto, mediano y largo plazo que se interponen al desarrollo de esta cadena de valor y que necesitan políticas activas y claras que corrijan los efectos distorsivos que afectan la competitividad del sector más activo de la economía y el de mayor saldo de balanza comercial.

 

La respuesta a las reglas claras y señales positivas será inmediata y desatará el verdadero potencial productivo del maíz, con beneficios para toda la cadena y la sociedad en su conjunto.

 

Por: Julio Calzada y Emilce Terré

 

Bolsa de Comercio de Rosario

 

Fuente: El Tribuno Campo

 

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