Sequía en Australia deja sin agua al principal competidor de Uruguay

URUGUAY  –

El país de Oceanía, exportador de primera línea de casi todo lo que produce Uruguay, se enfrenta nuevamente a una sequía crónica que amenaza sus sistemas productivos –

Tres años atrás el tema de conversación en la Expoactiva, la principal actividad de la agricultura uruguaya, era la primavera árabe. Una ola de calor había arrasado el trigo de Rusia y Ucrania. No habría trigo en el Mar Negro. Y la consecuencia era un precio disparado del cereal que constituye la dieta básica de la población árabe. Con pan inaccesible, los disturbios llegaron.

Para los agricultores uruguayos era una muy buena noticia. Allí estábamos nosotros para proveer a los países importadores. Era 2011 y todavía estaban cercanos los ecos de 2008, cuando el precio de los alimentos ya había marcado un récord por la sequía australiana que había propulsado los precios de lácteos.

Dos picos de precios habían puesto en alerta a los grandes productores del mundo. EEUU y Brasil se lanzaban a producir masivamente y parecía que los precios finalmente deberían ceder. Por un lado, la demanda de China sigue muy fuerte, pero la de biocombustibles se ha estabilizado. Especialmente la de etanol de maíz en EEUU.

El año 2013 pareció corroborar esa mayor calma en los mercados. Parecía el fin de la era maltusiana con una oferta incapaz de hacer frente a la demanda. La soja en Uruguay llegó a pagarse a US$ 420 puesta en Nueva Palmira.

Pero sobre el final del año, y en particular al empezar 2014, el precio de los granos ha reaccionado y si  bien no puede compararse el repunte de los precios con el empuje que tuvieron en los dos picos anteriores, lo cierto es que, desde la soja a los lácteos y la carne, el precio internacional de los alimentos se mantiene firme. Y el conflicto centrado en Ucrania puede confirmar un panorama de precios altos para el que se esperaba un freno.

De particular importancia para Uruguay es la sequía en Australia, el principal competidor para varios productos uruguayos. En el segundo semestre de este año, Australia estará ofertando menos carne vacuna, ovina, lana y lácteos. Esto es porque en estos momentos la oferta de carne de Australia está sumamente alta. Como sucede en todas las sequías, los campos deben ser aliviados, el ganado debe salir y eso se convierte en faltante una vez que la lluvia llega y las pasturas vuelven a cubrir el suelo. En febrero, las exportaciones de carne de Australia fueron 24% mayores que las de febrero del año pasado.

El problema de Australia más que de sequía es de desertificación. La sequía ha sido la situación normal de los últimos años. Desde 2002 hasta 2009 la sequía fue aguda. La Niña en ese año trajo lluvias copiosas a la mayor isla del mundo y sequía a Uruguay.  Pero tras esa pausa, las lluvias se volvieron escasas nuevamente a mediados de 2013, el verano fue el más caliente de la historia y el anuncio de El Niño reavivó los temores de una gran sequía. Que en algunas zonas ya está instalada. Por ejemplo, en Queensland ya hay 80% del territorio declarado oficialmente en sequía. “Es la peor época de seca de la historia”, explicó esta semana el ministro estatal de Agricultura, John McVeigh.

Claro que los australianos tienen cómo dar soporte a sus productores. Esta semana el primer ministro, Tony Abbott, y el ministro de Agricultura, Barnaby Joyce, anunciaron US$ 280 millones en asistencia a los productores afectados.

El problema que se ven venir los australianos es que si se confirma la llegada de una fase El Niño para ellos debería ser peor el aumento de temperatura y la disminución de las lluvias. Y en cuanto al cambio climático, la comunidad científica independiente de Australia no tiene dudas: el futuro para el mayor exportador de alimentos es cada vez más arduo.

El Climate Council de Australia, que dirige el famoso climatólogo Tim Flannery, divulgó un estudio a fines de febrero en el que proyecta que las olas de calor se harán cada vez más frecuentes en el territorio australiano, cuya temperatura promedio aumentó un grado desde 1950 hasta el presente.

El oficial Bureau de Meteorología también hizo un informe sobre el estado del clima en 2014 y los escenarios futuros. Y coincide: más temperatura y menos lluvia por delante. La temperatura subirá entre 0,6 ºC  y 1,5 ºC al año 2030 y las precipitaciones caerán al menos en los escenarios más probables. Aumentará la ocurrencia de lluvias extremas y también se incrementarán los incendios forestales.

Medio Oriente: verano caliente
Volviendo al corto plazo, la sequía australiana no solo afectará la oferta de carne del segundo semestre de este año y en 2015. Seguramente limitará también la oferta de trigo, del que Australia es un fuerte exportador. Y se sumará a una serie de problemas climáticos que están dando un renovado impulso a los granos. Y que pueden volver a complicar a los países de Medio Oriente.

Porque justamente en esos países, que intentan producir todo el trigo que pueden también hay sequía. Naciones Unidas ha advertido esta semana que Medio Oriente ha tenido el invierno más seco en décadas y, en algunas zonas, la sequía ya se prolonga por cinco años.

“En los últimos 100 años, no creo que haya habido un período de cinco años tan secos”, dijo a Reuters Mohammad Raafi Hossain, economista ambiental de la FAO. Los daños ya limitarán la producción en países como Siria e Irak. En Jordania las lluvias de este invierno han sido las más bajas desde que se llevan registros y al tratarse de uno de los 10 países con mayor escasez de agua del mundo, las represas están en menos de la mitad de su nivel normal.

Claro que estos países árabes no se abastecen solo de su producción local. Habitualmente compran el trigo que les falta en los puertos del Mar Negro.

Pero en este año esa perspectiva es por lo menos incierta. Los dos grandes exportadores de la región, que son Rusia y Ucrania, están enfrascados en un conflicto que hace a la oferta futura difícil de prever y ya ha levantado las cotizaciones.

En esta semana el precio del trigo volvió a dispararse en Chicago y Kansas. De hecho, se da por sentado que el trigo de Crimea, la zona de conflicto, prácticamente no será sembrado esta primavera. Una oportunidad para el trigo uruguayo que sigue esperando para ser exportado y que no concita el interés de Brasil.

Pero además una manera de apreciar lo privilegiados que estamos siendo como país al recibir tres veranos consecutivos que en términos generales han sido sumamente favorables. Hay una parte importante de nuestra competitividad en la que no tenemos mérito alguno: nos ha caído del cielo.

La soja se beneficia
Las oportunidades también han aparecido para la soja. Porque paradojalmente mientras Uruguay soportaba lluvias muy por encima de lo normal en los dos primeros meses del año, el centro de Brasil atravesaba situaciones de sequía. Y otras zonas del país norteño están cosechando en medio de excesos de agua que están provocando el brotado de los granos. De modo que el pronóstico de producción de soja de Brasil se vio reducido de 90 a 86 millones de toneladas.

Y la sequía también golpea en el extremo este de Asia, donde Indonesia y Malasia tienen la combinación de sequía e incendios forestales que está impulsando a los precios del aceite de palma. Este aceite alcanzó esta semana el mayor precio en 18 meses y las reservas cayeron abruptamente.

Thomas Mielke, el director de Oil World, dijo el 5 de marzo que si la sequía continuaba por dos meses más el daño en la producción se percibiría por dos años más. De modo que entre Brasil y el este de Asia han impulsado también al precio de las oleaginosas. Ciertamente el precio de los granos está destinado a bajar, dada la fuerte expansión en la producción de EEUU, la Unión Europea y el Mercosur.

Pero esa tendencia a la baja estará combinada con múltiples sorpresas desde el clima a la política. Y así llegaremos a la tercera Expoactiva consecutiva con altos rendimientos en las chacras y precio de la soja por encima de US$ 450 en Nueva Palmira. Mientras los problemas climáticos sean de otros, la alegría seguirá en este barrio.

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