La recuperación de los precios de la soja es más lejana cada vez

URUGUAY  – BLASINA Y ASOCIADOS – EL OBSERVADOR  –

La oleaginosa que lidera la agricultura en Uruguay ha pasado de superar los US$ 500 la tonelada a menos de US$ 400; lo más probable es que permanezca por debajo de esa referencia por un tiempo prolongado  –

Por primera vez en muchos años el ambiente previo a la siembra de la soja no es ni mucho menos de entusiasmo y expectativa. Es más bien de una tensa espera a la búsqueda de síntomas de un rebote de precios que tiene poca chance de llegar. En octubre empezará pues una siembra tensa en la que el margen deberá ser peleado palmo a palmo en las más de un millón de hectáreas que se destinarán al cultivo principal de Uruguay.

Más bien parece ser la víspera de una reconfiguración de la agricultura uruguaya que tendrá que adaptarse a un período de por lo menos dos años en los que para conseguir un margen no alcanzará con obtener un rendimiento cercano al promedio nacional.

Por lo menos durante dos siembras regirá aquello de que “en los promedios se ahogan los petisos”. Porque esperar un regreso de la soja a los US$ 400 aparece como una apuesta cada vez más arriesgada. El mundo precisa por primera  vez en más de 10 años para ajustar a la baja el área de granos en general y la soja no es la excepción.

Pero el ajuste en área solo se dará después que algunos agricultores tengan pérdidas en su actividad. Uno de los factores importantes por los que cuesta pensar que un rebote de la soja sea posible tiene que ver con la inercia de seguir sembrando que ocurrirá en el Mercosur. Las sembradoras ya están trabajando en el centro de Brasil y desde allí irán avanzando hacia el sur.

En primer lugar, la baja de precios no impedirá que la producción de la oleaginosa en el Mercosur vaya por un nuevo récord. En particular, Brasil confirma por el momento una cosecha récord que puede llegar a 95 millones de toneladas.

Visto en perspectiva, el momento de la soja es muy peculiar. El stock de granos de EEUU previo al ingreso de la cosecha es mínimo. Los 2,5 millones de toneladas que tenía EEUU almacenados al 1º de setiembre, es decir antes del ingreso de la cosecha en curso, son la menor cantidad del grano de la historia, cuando es considerado el volumen en proporción al consumo estadounidense. El dato, conocido el martes pasado, podría haber dado una bocanada de oxígeno a un mercado que está asfixiado. Pero no fue así.

Cuando va algo más de 10% de la soja estadounidense cosechada se sigue confirmando que serán más de 105 millones de toneladas las que se levantarán. Un récord abrumador frente a las 90 millones de toneladas que un año atrás eran el récord de producción estadounidense. Lo llamativo del momento es que de un stock mínimo histórico se pasará en EEUU a uno de los mayores de los últimos tiempos.

La última estimación del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, por su sigla en inglés) lo ubica a mitad del año próximo en 13 millones de toneladas, el segundo mayor de la historialuego del registrado en 2006/07.

 A la gran cosecha estadounidense se suma la que está por venir en el Mercosur, donde además los cultivos arrancan con excelente nivel de humedad en el suelo y la perspectiva de  un alto rendimiento. En consecuencia la respuesta de los mercados a un dato positivo –el bajo stock de pasaje de la zafra pasada– fue nuevamente negativo.

Hay otro factor desde la oferta regional que pende sobre los mercados como un factor adicional bajista. Los agricultores argentinos vienen reteniendo soja en forma persistente a la espera de que el dólar suba o el gobierno cambie. La soja almacenada por Argentina el año próximo llegará a 33 millones de toneladas, más del doble de las que tenía en 2012. También el stock de soja en Brasil va en ascenso y pasa de 13  a 24 millones de toneladas. Una suba importante pero proporcional al aumento fuerte que la producción brasileña ha tenido en estos años.

Podría pensarse que la demanda china finalmente podrá más y que más tarde o más temprano las compras asiáticas seguirán dando rebotes de precios que han sido la pauta de los últimos veranos y otoños. Conviene ser cauteloso al respecto, en particular tomando en cuenta algunas novedades que surgieron esta semana.

La cara de la demanda
Por un lado, China mantiene niveles estables y abundantes de reservas, aunque son menos de la mitad de las que tiene Argentina, en 14 millones de toneladas. Pero sabe que habrá cola para vender y empezaron a poner requisitos que no habían aparecido.

Por primera vez en las aduanas de China se detuvieron embarques por contener soja de un evento transgénico que no fue especificado. Más preocupante aún, la imposibilidad de embarcar no fue argumentada en base a una contravención específica sino por “la alarma pública que causan los transgénicos”, algo que generó incertidumbre entre los exportadores. China ya ha rechazado variantes de maíz transgénico lo que ha originado problemas muy graves a la exportación e incluso acciones judiciales de Cargill contra Syngenta.

Si China empieza  a poner trabas al comercio para presionar los precios o por simples requerimientos internos la posibilidad de un rebote de precios se aleja más.

Ciertamente, las compras de soja por parte de China seguirán en aumento. Pero el ritmo de aumento de las compras no se puede comparar con el que está teniendo la producción. China puede llegar a importar 75 millones de toneladas de soja el año próximo, frente a 69 millones del año pasado. El USDA pronostica algo menos, pero cabe suponer que la persistencia de un precio accesible agilice las compras.

Pero el aumento de seis millones de toneladas en la compras chinas serán sobre un crecimiento de la producción en EEUU –17 millones más que la anterior– y lo que debe surgir de la próxima siembra del Mercosur: Brasil con 7 millones de toneladas más, y una producción similar a la del año pasado en Argentina, Paraguay y Uruguay.

Sembrar esperando un precio de US$ 400 por tonelada es hacerlo esperando 20% de aumento en el precio actual. Algo que escapa a las oscilaciones normales de las cotizaciones y que hoy no se está esperando en Chicago.

La agricultura uruguaya mantendrá a grandes rasgos su área, pero deberá pensar estrategias para adaptarse a un precio de menos de US$ 400 en la soja y una baja similar en trigo y maíz, porque EEUU también tiene un récord de producción maicera y en el mundo el área de trigo es suficientemente amplia como para seguir reabasteciendo a los silos del mundo.

La siembra seguirá siendo amplia, pero si es realista, debe hacerse bajo un supuesto de precios muy diferente al de años anteriores. La respuesta del mercado ante los datos de stock de EEUU esta semana, sumado a las dudas que surgieron en las aduanas de China, obligan a replantear los presupuestos.

La agricultura seguirá
Los sistemas agrícolas uruguayos tienen fortalezas derivadas de la historia ganadera de Uruguay. Por un lado, la baja en el precio de los productos tiene una excepción fundamental para Uruguay: los precios de la carne no han caído en el mundo. Los sistemas productivos más que nunca deberán hacerse mixtos.

Por otra parte, en una competencia regional, la agricultura uruguaya saldrá de este desafío mejor parada que la argentina. Es casi imposible esperar en el país vecino un margen aceptable si al precio internacional se le quita un 35% de retenciones y se liquida a un precio del dólar que es la mitad de la cotización de mercado.

La baja de los precios tiene un factor compensatorio a nivel global, que se da acentuado en la región: el dólar sube para dar viablidad a las exportaciones.  La suba del dólar bajará parcialmente algunos costos.

Finalmente deberá registrarse un ajuste a la baja en el precio de la tierra que refleje la nueva realidad agrícola. Las rentas de estos años deben ser tomadas como un beneficio extraordinario.

Con más ganadería, menos renta y un dólar más favorable aún la tarea será difícil. En términos evolutivos, la presión de selección será mayor y los errores se pagarán más caro. Pero en términos relativos, con sistemas integrados la agricultura uruguaya deberá resistir mejor, al menos que la de Argentina.

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