“Área de praderas pasará de 70.000 a 250.000 hectáreas en 2017”

URUGUAY  –

La directora de Recursos Naturales Renovables, Mariana Hill, evaluó planes de uso de suelos –

La directora de Recursos Naturales Renovables (Renare) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Mariana Hill, pronosticó que luego de la puesta en marcha obligatoria de los planes de uso y manejo de los suelos el área agrícola en el país se estabilizará en 1,6 millones de hectáreas a partir de 2016. La gran novedad es que de acuerdo a la rotación propuesta por los productores, la soja, que ahora abarca 1,2 millones de hectáreas, rondará un millón de hectáreas. Y la superficie que cae será ocupada por praderas. Lo que sigue es un resumen del diálogo de Hill con El Observador Agropecuario.

¿Qué evaluación realiza de la puesta en marcha de los planes de uso y manejo de los suelos?

Altamente positiva si recordamos que en 2010 la idea de implementarlos se visualizaba como algo complicado y difícil. Era algo que no se conocía y hasta se pensó que no se concretaría por su complejidad. Pero el sector respondió, los planes han sido presentados y hemos desarrollado herramientas. Era la gran meta de este período.

¿Las resistencias iniciales de empresas que no lo veían viable se diluyeron?

El proceso sigue. Al principio hubo resistencia, pero luego se fue generando una confianza del sector privado en el equipo de Renare, y viceversa. Hubo una alta resistencia pero, al mismo tiempo, mucho apoyo en los conceptos generales. El sector conocía los problemas de erosión del suelo y la importancia de rotar los cultivos. A nivel de la investigación y la academia, había diagnósticos y se hablaba del problema. Estaba la sensación de que había que hacer algo y se hizo con diálogo, con participación, con conocimiento de los problemas y escuchando al sector. Teníamos el marco jurídico desde 2008 y el aval científico, solo había que comenzar. Fue un gran trabajo de extensión porque cuando empezamos había poca visibilidad de la Renare.

Salieron a jugar un clásico con juveniles.

Sí. Lo primero que se necesita para eso es una decisión política. Luego el apoyo en recursos.

En su momento se pensó que con los planes de uso y manejo de los suelos iba a caer el área de soja, pero sigue en alrededor de 1,2 millones de hectáreas.

Hemos realizado un estudio preliminar considerando todos los planes presentados en 2013 y analizando un área de 1,4 millones de agricultura de verano más 400 mil de invierno. Sobre esa base, la soja pasaría de 1,2 millones de hectáreas en 2014 a equilibrarse en un millón de hectáreas en 2016. En realidad será un poco más, porque estos datos son de 2013 y en 2014 hubo más planes presentados. Se puede decir que, a partir de los planes presentados, el piso no será menor a un millón de hectáreas de soja en el país. Y se mantiene en un millón hasta 2018, cuando cortamos el análisis. Sobre esa base preliminar, que luego habrá que ajustar y mejorar, a partir de 2016 habrá una estabilidad de rotaciones en el país, que estarían en un millón de hectáreas de soja en verano y un piso de 200 mil hectáreas de sorgos y maíces, que pueden trepar hasta 300 mil hectáreas y nunca superarían las 400 mil hectáreas entre ambos cultivos. En 2014 arrancarían 70 mil hectáreas de praderas por año asociadas a la agricultura, que serán 250 mil hectáreas en el año 2017 y luego se estabilizan en 200 mil hectáreas.

Esto era algo que se aguardaba que ocurriera con los planes.

Era uno de los impactos que se esperaban. El otro componente de la rotación que aumenta de forma enorme son los cultivos de cobertura. A partir de 2016, en términos generales, la superficie que está con soja en verano pasa a cultivos de invierno o con cobertura. Porque ese millón de hectáreas de soja se convierte en un millón de hectáreas de cultivos de invierno más cobertura. Así que en el análisis preliminar de los planes, aumenta el área de pasturas y aumenta el área de cultivos de cobertura. En trigo y cebada, tiene picos grandes (de 600 mil hectáreas) pero se mantiene en el entorno de las 500 mil hectáreas. Estos cultivos de invierno son los más riesgosos en su cumplimiento, como ocurrió este año.

¿Cómo lo explicaría en relación con la obligatoriedad de presentar los planes?

El cultivo de invierno es complicado en este país; los otoños vienen con más lluvias que antes. Pero no poder cumplir un año con el área planificada de cultivos de invierno no quiere decir no poder cumplir con los planes. Hay que interpretar muy bien lo que se busca y lo que mide el modelo es “si yo hago esto en rotación, qué pasa para adelante en materia de erosión de suelos”. Si un año, por problemas climáticos, no puedo sembrar el cultivo previsto, no quiere decir que no esté cumpliendo con la reglamentación.

Si un agricultor no puede sembrar un cultivo, ¿tiene que notificar a la Renare?

Eso está previsto a futuro, ahora no hay necesidad. Siempre existirán estos problemas, sobre todo en invierno, donde si no se siembra la pradera lo que tiene que haber es un cultivo de trigo o cebada, o un cultivo de cobertura. De manera que suelos desnudos en este país no puede haber. En un año como este nosotros no vamos a ir a buscar los cultivos de invierno que no están. Pero también puede ocurrir que se pongan los cultivos en los papeles y la empresa no tenga la capacidad de sembrar tantas hectáreas de invierno. Esas son las cosas que habrá que ir viendo. Nosotros no vamos a ir a buscar este año el cultivo de invierno que no estuvo previo a la siembra de verano porque es una pérdida de recursos salir a fiscalizar eso cuando sabemos que se sembró la mitad del área. Pero no puede ser un tema recurrente. Si tengo que salir a controlar, ¿cuáles son las cosas que miro primero? Si me toca sembrar en verano un sorgo, lo que puedo hacer es sembrar la soja que anda mejor en lo económico. ¿Cuál es el escenario de monitoreo de fiscalización? Las áreas que están prometidas con sorgo y maíz. Y lo otro que hay que mirar es las áreas que pasan a fase de pastura. El resto, con estos números, nadie va a poner una soja y después poner un sorgo. Es muy difícil, y si lo hace es mejor para el suelo. Con esa premisa y las herramientas satelitales, se fiscaliza si se cumplió. Pero el cumplimiento del plan no es ir a ver si este invierno, que llovió en exceso y sabemos que se sembró la mitad del área, eso no lo haremos. Lo que estoy diciendo no es fácil, pero hay que tener diseño, planificación y saber cuál es la tendencia de no cumplimiento.

Así que el temor de una pérdida económica para el país por la menor área de soja sería por 200 mil hectáreas menos.

En el análisis preliminar, baja el área de soja en los granos, aumenta en verano el área de sorgo y maíz, y básicamente aumenta el área de pasturas. De lo que se pierde en soja es más lo que se gana en pasturas que lo que se gana en otro cultivo. Esto era esperable porque primero es agricultura que se deja de hacer en lugares no aptos para ella, básicamente soja, y en otros donde se estaba haciendo con una intensidad muy fuerte se mantiene, pero en rotación con pasturas. En promedio, el área que está con soja en verano baja. Pero nada que no se esperara, incluso por las preguntas que se hacían en 2010 se esperaba un impacto mayor. Lo que ahora se ve fue ocurriendo entre 2011 y 2013, donde algunas áreas de baja calidad (de suelos), que pierden muy rápido la productividad, se estaban dejando porque las cuentas no cierran.

¿Hay un modelo nuevo de empresas agrícolas en el país?

Lo que ha cambiado con el ajuste de la legislación en 2009 es que el dueño del campo es responsable junto con el arrendatario de cumplir con las normas. Lo que eso pretende, y está logrando, es que el propietario, aunque no sea el que explota la tierra, igual se involucre en el proceso productivo. Aunque haya un arrendamiento, el propietario tallará más en las decisiones. Por otro lado, en las empresas que arriendan, que es el 60% de la modalidad de la agricultura que se practica, el chacrero buscará hacer un arrendamiento corto y vincularse al campo únicamente cuando está en la fase agrícola. El propietario de ese campo no se va a poner a poblar cada tres años y tendrá que encontrar cómo hace con empresas ganaderas para mantener su negocio cuando el agricultor no está cuando llega la fase de pasturas. La otra forma es que los agricultores puros incorporen la ganadería al negocio. Creo que van a coexistir las dos formas. La empresa agrícola pura tal vez, sobre todo la que arrienda mucho, tendrá que modificar algo e incorporar la ganadería o asociarse con alguien que la haga. Puede haber figuras diferentes de tenencia. Ojalá tuviéramos seis millones de hectáreas para la agricultura, pero no las tenemos. Pero sí tenemos buena calidad para la ganadería y tenemos una buena oportunidad para una sinergia entre la agricultura y la ganadería.

El agricultor que se inicia, ¿qué tiene que presentar a la Renare?

Tiene que armar una rotación de cultivos, que es un ciclo cerrado. La rotación puede ser corta de dos años o una de cinco, con dos años de cultivos y tres de pasturas. Lo que se presenta es una rotación que por definición es una secuencia que se repite en el tiempo. Los componentes de los cultivos dependerán de la calidad del suelo. Pueden ser dos años de soja o no. Hay muchos que hacen dos cultivos de soja en verano con un cultivo de cobertura en el medio, y luego tres años de praderas.

¿Cómo se mantiene todos los años un millón de hectáreas de soja con los planes?

Porque van rotando los cultivos. En 2016, el país tendrá una rotación estabilizada que mantiene el área de soja, que aumenta el área de pradera, y que toda el área de soja que llega al invierno tiene un cultivo o una cobertura, según la cifra preliminar que estamos manejando con los datos de 2013. Lo primero que podemos analizar es que lo que se logra con un modelo matemático tiene mucho sentido agronómico. Se va rumbeando hacia un sistema, con los guarismos de hoy, con precios y tecnologías disponibles, que tiene lógica.

¿Cómo recibió la noticia de la continuidad del ministro Tabaré Aguerre?

Bien. Antes de hablar con el ministro se perfilaba una continuidad de la fuerza política, de manera que las líneas generales del MGAP se iban a mantener. Que la continuidad sea con este ministro, con el que venimos trabajando hace cinco años, con el que definimos las metas que venimos cumpliendo, es bueno.

La expansión agrícola y el campo natural

¿Le parece que puede haber un freno a la expansión agrícola en el país?

Ahora estamos en el entorno de 1,6 millones de hectáreas de agricultura. Es cierto que hay otras áreas que pueden servir para la producción, pero para que eso ocurra debe haber una conjunción de precios, fletes, infraestructura y maquinaria disponible y concentrada en la zona. Todos los predios del país tienen un pedacito que sirve para la agricultura. Eso es lo que hace una estimación de 2,5 millones de hectáreas de agricultura, pero para efectivizarla tienen que estar los otros aspectos. Sin ellos, el tope es de 1,6 millones de hectáreas.

¿Cómo evalúa la aparición de 250 mil hectáreas de pasturas a partir de las rotaciones previstas? ¿Pueden ser una oportunidad para la ganadería?

Sí. Y también para entender, apoyar y definir un rumbo como país en la suplementación estratégica en la ganadería en campo natural. De hecho, sería muy bueno si nosotros pudiéramos incorporar la producción de sorgo en campo natural. En la Renare también estamos trabajando en la ganadería en campo natural para ponerle un poco de estrategia al tema. Hasta ahora no había dentro del Ministerio un área de campo natural como recurso natural productivo.

¿Dentro de la Mesa de Campo Natural?

La Mesa de Campo Natural fue el primer ámbito definido para ver dónde estamos parados, cuál es el nivel de conocimientos y los requerimientos, cómo estamos en información y qué sistemas ganaderos existen. Para el próximo período de gobierno ya hay que empezar a diseñar las herramientas que se necesitan en el sector. Con el mismo enfoque de los suelos: producción sostenible. El tema es la ganadería en campo natural, no la conservación del recurso.

PEDRO SILVA –  EL OBSERVADOR –

 

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