El mercado no estimula a los ganaderos a retener las vacas de cría

URUGUAY  –

Por ejemplo una vaca gorda preñada para faena logró US$ 625 en tanto esa categoría en un remate por pantalla llegó a US$ 518 –

Mientras el mercado premie económicamente más una vaca preñada gorda para faena que una vaca destinada a la reproducción difícilmente el productor criador sea estimulado a producir más terneros, destacó a El Observador Agropecuario Lauro Artía (Paysandú), quién presentó en la jornada sobre gestación vacuna en INIA Treinta y Tres resultados de 21.500 vientres de predios ubicados en departamentos del sur y litoral del país.
En su opinión, la tecnología que tiene Uruguay está más que validada, pero ocurre que lo comercial es lo que termina definiendo y el productor ha sabido adaptarse a esos cambios del mercado.

Por ejemplo, en la última semana una vaca gorda preñada para faena logró un precio eje de US$ 625 (US$ 1,39 el kilo en pie) mientras que el promedio de esa categoría en el remate de pantalla de la última semana fue de US$ 518. Es decir que la vaca gorda obtiene más de US$ 100 por encima de una vaca preñada para reproducir. Esto demuestra como a veces el mercado juega en contra del sector criador y de la cadena cárnica, dijo.

Acerca de los resultados, Artía señaló que no se colmaron las expectativas porque se venía de una primavera muy buena, pero puede haber incidido los cambios tan bruscos de exceso de lluvias a niveles muy altos de calor, así como también la calidad de las aguadas.

Los resultados alcanzados en el XIII Taller de Evaluación de Diagnósticos de Gestación Vacuna, que tuvo lugar el pasado martes en la estación experimental del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en Treinta y Tres, demostraron que a pesar de la primavera lluviosa los porcentajes de preñez estuvieron por debajo de la expectativa, admitió la organizadora de esta actividad, Graciela Quintans, investigadora del INIA en diálogo con El Observador Agropecuario.

Recordó que en 2013 se logró un porcentaje de 81,5, en 2014 un 75,2% y ahora se bajó “un puntito” al ubicarse en 73,9%. Si bien no se movió mucho el promedio, se movieron los desvíos que determinaron que hubiera predios con muy bajos porcentajes de gestación y otros con resultados muy buenos. En ese marco, quedó claro que las medidas de manejo fueron determinantes en quienes las tomaron y en los casos en que las tomaron. Hubo productores que se confiaron por el buen estado de los animales, primavera lluviosa y buena disponibilidad de pasto y no se aplicaron medidas de manejo básicas y sus porcentajes cayeron en alrededor de 10 puntos, mientras que otros se mantuvieron al firme con esas medidas.

Quintans dijo que “ahí es donde se ve la diferencia” porque son decisiones que las toma el productor, refiere no solo a la tecnología, sino también a las motivaciones a los precios, a la situación coyuntural. “Son varias razones por la cual el productor termina tomando una decisión”, explicó la investigadora.

Un interrogante que sorprendió… ¿nos interesa producir más terneros?

Para Pablo Nieto (de Cardona) y Gustavo Sacco (de Florida), quienes presentaron datos sobre 35.647 vientres, los números alcanzados no son malos (79,6%). Explicaron a El Observador Agropecuario que el gran tema es que la gente de a poco ha ido tomando decisiones de hacer o no hacer determinadas inversiones por la situación que se está viviendo y están buscando otras opciones que les dan el mismo resultado. En forma muy sugestiva, al terminar su presentación en la jornada sobre gestación vacuna en INIA Treinta y Tres, Nieto se preguntó: “¿nos interesa producir más terneros?, explicando que otros producen más, pero gastan más y les queda menos margen.

Santiago Bordaberry (de Durazno), quien desde hace 16 años presenta resultados (este año sobre 81.309 vientres), destacó a este enviado las características especiales de este período. Al igual que a otros de sus colegas, le ocurrió que productores que aplicaron las técnicas necesarias igualmente tuvieron malos resultados, por lo que seguramente fue un problema de calidad de pasturas.

FUENTE: HUGO OCAMPO – EL OBSERVADOR 

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