A la búsqueda del fósforo perdido

URUGUAY  –

Uruguay, que en general posee suelos con muy bajo nivel de fósforo disponible, importa el 100% de los fertilizantes fosfatados, algo que podrá comenzar a revertirse cuando dé frutos el proyecto Desarrollo de inoculantes para la movilización de fósforo como insumo en la producción agrícola, presentado en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

Nora Altier de INIA informa sobre el proyecto. Foto cedida por el MGAP

Nora Altier de INIA informa sobre el proyecto. Foto cedida por el MGAP

Los socios intervinientes son el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), el Instituto Pasteur de Montevideo y las empresas Calister, Lafoner y Lage y Cía.

Se establece una inversión en la primera fase de US$ 280 mil. La financiación corresponde 70% a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) –lo aprobó en su convocatoria Alianzas para la innovación– y 30% a las empresas citadas.

Nora Altier, del INIA, indicó que el proyecto se impulsó desde la plataforma de bioinsumos del instituto, que es una apuesta dentro del programa de producción y sustentabilidad ambiental, con sede en INIA Las Brujas.

También remarcó que esta idea se gestó tras un desafío que en setiembre de 2011 lanzó el ministro Tabaré Aguerre cuando inauguró la XXV Reunión Latinoamericana de Rizobiología, “cuando nos dijo a los 200 o 300 microbiólogos agrícolas que había que trabajar para el fósforo”.

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El objetivo es desarrollar un nuevo inoculante en base a microorganismos con capacidad de movilización de fósforo orgánico del suelo que aumente el crecimiento vegetal y el rendimiento en soja y otros cultivos.

Indicó que esto obedece a que el fósforo es el segundo elemento limitante para el crecimiento vegetal (después del nitrógeno), que las reservas mundiales de roca fosfórica estarán agotadas en 50 años, que hay impactos ambientales negativos asociados al uso de fertilizantes fosfatados y que el empleo de biofertilizantes como sustituto parcial del fertilizante químico constituye una aproximación biotecnológica con ventajas, tanto ambientales como económicas.

El ministro Aguerre destacó que se trata de “un proyecto ambicioso, de profunda articulación institucional, tratando de promover un desarrollo tecnológico que signifique aislar microorganismos que tengan la capacidad de solubilizar el fósforo del suelo”, insumo presente allí, pero no de una forma química útil para que lo absorban las plantas, explicó.

Señaló que esto es valioso pues mejora la competitividad, dado que ambienta una sustitución de la roca fosfórica que se importa para elaborar fertilizantes, porque se verán beneficios ambientales dado que el fósforo es un elemento que genera determinados impactos. Y en tercer lugar por ser un ejemplo de construcción nacional de capacidades científicas.

“En el país de las chacras, más que los resultados, incipientes aún, celebro la vocación de construcción con participación”, dijo el ministro sobre el proyecto.

Ahorro relevente gracias a la biotecnología

Aguerre recordó que Uruguay tiene una muy larga trayectoria en el desarrollo de biotecnologías asociadas a la fijación simbiótica del nitrógeno, desde la década de 1960, todo lo que implica el manejo del género rhizobium, inoculando semillas de leguminosas tanto forrajeras como la propia soja, que ha significado el ahorro a esta altura de centenas de millones por importaciones de fertilizantes nitrogenados, simplemente por tener una bacteria que permite la fijación y la transformación del nitrógeno, que es un porcentaje importante del aire que nos rodea, en un fertilizante a ser utilizado por las plantas”.

FUENTE: JUAN SAMUELLE  – El OBSERVADOR 

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