En Europa es más lucrativo la falsificación de alimentos que la prostitucón

URUGUAY – Lo dijo experto alemán en Uruguay quién alertó sobre los desafíos en la inocuidad alimentaria.

Uno de los principales desafíos a futuro en materia de inocuidad alimentaria es la lucha contra los alimentos falsificados, siendo la trazabilidad un buen requisito previo para asegurar un sistema de control en ese sentido, sostuvo Andreas Hensel, presidente del Instituto de Evaluación de Riesgos de Alemania (Instituto BfR), durante una conferencia ofrecida el 19 de agosto pasado sobre el tema en el salón de conferencias de la Dirección de Laboratorios Veterinarios (Dilave).
Precisó que hay tres elementos a considerar: el etiquetado, la documentación y la base de datos donde se puede encontrar esa información. La verificación que debe estar a cargo del gobierno se debe cumplir con métodos analíticos, por lo que la trazabilidad no se debe hacer solo sobre un trozo de carne, sino sobre el conjunto que involucre ese alimento. Las normas son necesarias para dar la seguridad de que existe la inocuidad de los alimentos, que se puede controlar y luchar contra el fraude de los alimentos.
Hensel valoró la importancia de Uruguay como proveedor potencial de alimentos para 28 millones de personas y se preguntó si todos sus fabricantes son conscientes de la inocuidad alimentaria y de la necesidad de contar con un sistema de gestión de riesgos para no jugar “con la salud de sus clientes”.
El consumidor tiene el derecho de elegir un vino caro o uno barato, pero el gobierno tiene la obligación de asegurar que su contenido es lo que realmente dice la etiqueta. Para garantizar ese aspecto en Alemania –y en la Unión Europea (UE)– se tienen en cuenta tres elementos: el tiempo de exposición del producto, la ubicación geográfica y el tiempo en que se desarrolla ese evento que afectó la inocuidad. Se debe involucrar a toda la cadena alimentaria además de los agentes directos vinculados a la producción, investigando también quién hace el transporte, quién lo vende al minorista y cuál es el comportamiento de los sectores involucrados en toda esa operativa. El gobierno alemán llegó al extremo de recomendar que se trabaje sobre escenarios de bioterrorismo porque se sabe que cuando se quiere matar gente y se introducen patógenos en los alimentos de forma intencional puede ser muy grave, dijo Hensel.

Alta inversión

Por supuesto que es un trabajo que requiere una alta inversión y admitió que en este caso se investigó para atacar el bioterrorismo. Un ejemplo mencionado por Hensel fue un caso de salmonella con repollo que afectó a mujeres de 18 a 25 años en Alemania. Egipto importaba semillas de Alemania y EEUU, y se determinó que 25 kilos de semilla podían ser responsables de tres toneladas de repollo contaminado de salmonella.
Un brote con frutilla congelada procedente de China afectó a miles de niños de escuelas y jardines de infantes de Alemania, lo que fue un desastre. Fue fácil de resolver porque había un solo importador de 54 kilos de frutillas congeladas de China, habiéndose identificado el norovirus de heces humanas.
Hensel concluyó que el comercio mundial de alimentos puede ser muy peligroso. La trazabilidad es necesaria para evitar una crisis en los alimentos, para poder reaccionar de forma rápida y proteger a los mercados y porque también puede garantizar un mercado justo. Este sistema se debe implantar y es algo que “todos debemos aprender, para poder rastrear los alimentos”.
Estos aspectos están contenidos en una ley europea, pero también sería necesario que Uruguay lo tuviera en cuenta en su legislación porque debería ser implementado de forma más sistemática en la inocuidad alimentaria, afirmó Hensel.
Explicó que el Parlamento europeo estableció que “se puede ganar más dinero con el fraude en los alimentos que con la prostitución, porque ustedes pueden declarar que un trigo es orgánico en lugar de convencional y lo hacen falsificando la documentación y esto va en aumento”. Precisamente las probabilidades disminuyen con las campañas de protección y con frecuencia estos controles basados en el riesgo no llegan a combatir el origen del comportamiento.
El funcionario alemán citó algunos ejemplos de falsificación detectados: jamón con agua y almidón; bebidas alcohólicas checas con etanol; suplementos alimenticios que se promocionan por internet que son muy peligrosos; y la crisis productiva del aceite de oliva en Italia, que cumplía sus contratos con aceites de Grecia y Marruecos. “Esto lo estamos controlando y también son susceptibles de fraude la miel, vino, pescado, leche, cereales, café, té y jugos de frutas”, concluyó. l

Evaluación científica de riesgos

El aporte del experto alemán Andreas Hensel como especialista en evaluación de riesgos ha sido muy valioso para fortalecer los conocimientos de la unidad coordinadora para el control de la inocuidad alimentaria del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). El tema fue destacado a El Observador Agropecuario por el director de los Servicios Ganaderos, Francisco Muzio. El jerarca del MGAP valoró los conceptos manejados por el experto alemán acerca de que es necesario que la evaluación de riesgos de los alimentos que se desarrolle sea con base científica. Al comentar los casos presentados por Hensel sobre situaciones ocurridas en Europa, Muzio resaltó el énfasis del conferencista sobre la forma en que se comunica ese riesgo al consumidor, porque muchas veces puede derivar en que se haga “una especie de terrorismo o que se le dé la real dimensión que tiene un problema sanitario”. Además, muchos casos han sido derivados de la importación de alimentos y hacer la trazabilidad del producto no ha sido fácil, y recordó el fraude en una carne equina que se vendía como carne bovina, dijo Muzio. Ello demuestra la necesidad de dedicarle los mayores esfuerzos a este tema, que en el caso europeo requiere el trabajo de 800 funcionarios, más de 300 científicos y un presupuesto de varios millones de euros.

 

Hugo Ocampo – El Observador

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