TLC con China

URUGUAY  – Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario –

Por Lautaro Pérez Rocha *, especial para El Observador

Ahora que hemos dejado de lado el TISA, ahora que miramos de afuera el Acuerdo Transpacífico (TPP), ¿qué tal si pensamos en un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China? Eso, un TLC: acuerdo comercial entre dos o más países, de carácter perpetuo y mutuo, en el cual se pactan preferencias arancelarias y reducción de barreras no arancelarias, tanto en productos como en servicios, incluyendo además otros temas como las inversiones, propiedad intelectual, ambiente, etcétera.

¿Qué motivos nos llevan a excluirlo como un objetivo posible? A ver: ya desde el año pasado China es el principal socio comercial del Uruguay, esto es la suma de importaciones y exportaciones. China es el país al que más le exportamos y es de donde importamos más. Ambas corrientes mantienen una tendencia bien clara desde hace muchos años, aunque son nuestras exportaciones las que se han destacado últimamente.

Partimos del extremo opuesto, curiosamente. La misión diplomática en ese país es bastante reducida y ni siquiera aun hemos tomado la decisión de dotarla, en forma significativa, de recursos (diplomáticos, comerciales, administrativos, financieros, etcétera) para que se desempeñe en respuesta y a la altura de lo que es el comercio bilateral con China. Mucho es a pulmón, multitarea y, aun en términos relativos, con recursos más escasos que otros países. Tampoco tenemos oficinas comerciales o de promoción de inversiones; ni sectoriales, o siquiera de agrupación de determinados rubros. Contamos con varios institutos para todo; ninguno presente en el principal socio comercial.

¿De quién depende la decisión de explorar un posible TLC con China? ¿Acaso no es una decisión que comienza desde el Poder Ejecutivo? ¿Sería conveniente para Uruguay hacer un TLC con China?

Tendremos cientos de preguntas, comenzando con el efecto en la relación con los otros socios comerciales clave de la región, Brasil y Argentina. En cualquier caso, en estos acuerdos se ganan y se pierden cosas. Hemos perdido y ganado con el Mercosur. Lo que debe es determinarse quién gana y pierde, y por cuánto. Se puede modelar esto para los diferentes sectores de la sociedad (productores, consumidores, Estado). Estimar cuánto perdemos o dejamos fuera del país (el peor impuesto) por concepto de tarifas y cuotas a nuestras exportaciones, y lo mismo para el consumidor, así como también las protecciones efectivas que gozan algunos sectores de la producción nacional.

Pero volvamos al TLC con China. Dejamos pasar uno con Estados Unidos. Propongamos uno ahora, demos una patada al hormiguero. Nuevamente: estos son acuerdos de ida y vuelta. Ganaremos y perderemos (¿cuánto?). Pero Uruguay tiene que romper su gradualismo, su pensamiento de llanura. Da la impresión que viajamos a una velocidad muy rápida, solo que en dirección contraria al resto del mundo agropecuario.

A lo bombero, apagando incendios. Fijémonos lo que nos ocupa: nuestras expectativas en “logros” como el trueque (abrazo de puñal) con Venezuela, un país con 200% de inflación y caída del 10% en el PIB, o nos empeñamos en el cero kilo en la aduana del Chuy y en otros caminos de los quileros, cuando se supuso, alguna vez, que tendríamos una aduna común. Como en el fútbol: ni un pase largo bien, y los cortos nos salen mal.

Ahora que se terminó esta columna, por qué no un TLC con China. Son las preguntas que nos obligan a pensar en el largo plazo, en este caso sobre la inserción futura internacional de nuestro país.

* lautaro@adinet.com.uy

 

EL OBSERVADOR

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